¿Ventanilla o pasillo?
En el avión siempre he asociado la ventanilla a la imaginación y la ensoñación mientras que el pasillo está reservado a ese lado más cómodo y pragmático que todos tenemos. Cuando empecé a viajar siempre prefería ponerme en la ventanilla. Esperaba con ansias el momento del despegue y miraba de vez en cuando hacia fuera por si me estaba perdiendo algo. Me asomaba curioso para observar el puzle que formaban las parcelas de tierra en la meseta castellana, las montañas escarpadas, los diferentes tonos azules del océano, etcétera. Últimamente siempre he preferido los asientos de pasillo por aquello de poder levantarme del asiento sin molestar, leer el periódico cómodamente y estar más a mis anchas. Durante mi último viaje pedí que me colocaran en ventanilla. Mereció la pena recibir ese regalo para mis ojos.
Ranking de los momentos ventanilla:
1. Madrid – Nueva York: Durante varias horas el atardecer se alargó por una carrera que le echamos al sol. La meta: Nueva York. Era impresionante ver que aunque el sol siempre nos llevaba cierta ventaja, le estaba costando, pero al final ganó la carrera dejándonos en la oscuridad de la noche.
2. Madrid – Manchester: Era la primera vez que volaba al Reino Unido. Mis expectativas de encontrar buen tiempo habían desaparecido desde el momento en que supe mi destino. Sin embargo, con la nariz pegada a la ventanilla, recibí a la vez el golpe del aterrizaje del avión y la luz cegadora del sol que inundó de color mis ojos y eliminó mis prejuicios hacia el clima inglés.
3. Frankfurt – Liubliana: Ya era de noche y en el aeropuerto estaba nevando. Sin embargo a varios miles de pies de altura pude disfrutar de un paseo a la luz de la luna llena y un cielo estrellado, mis pies iban rozando las nubes. Único.