Viajes, lenguas y cultura por Abel Pérez

Archive for June, 2012

En el calor de la noche

Hace unas horas que he llegado a Madrid. Este post lo escribo nada más que para saludaros. Atrás quedan seis meses de descubrimiento de un país y un continente del que jamás podré desprenderme. Por delante, veinte días de descanso, vacaciones, familia, fiesta, siesta, tapas, boda, orgullo, calma y pasión.

 

Jerusalema

 Aún no he tenido la oportunidad de visitar Hillbrow. Me gustaría poder hacerlo un día de estos. Hasta ahora, lo más parecido que he hecho ha sido ver la película Jerusalema, que le recomiendo a todo el mundo. No se trata del retrato de todo el país, porque este país es muchos países en uno, pero sí se trata de una realidad que se puede palpar, vivas en la zona de Sudáfrica donde vivas.

Nos explica la vida de Lucky Kunene, un gangster venido a Hillbrow desde Soweto que llegó a crear una fundación inmobiliaria, luchando con el abuso de los caseros. Para ver cómo llegó allí hay que ver la película. También para saber lo que pasó después. A la película no le falta una gran dosis de violencia al estilo de Hollywood. Solo que lo que se narra en esta historia son hechos reales. Las imágenes sobrecogedoras, espeluznantes y a menudo atrayentes, nos muestran la realidad pura y dura de uno de los barrios más conflictivos del mundo en una historia de acción, drama, amor, supervivienca a la que no le falta un toque cómico. Para no perdérsela.

 

La Danza del Camaleón

Volviendo a los helados: ¿los Kalippos dejaron de ser Kalippos solo porque alguien decidió ponerles la etiqueta de Soleros? ¿Es mejor comerte un Kalippo o un Solero? Ambos son helados. Cada uno tiene su sabor, su gracia y además,  para gustos los colores.

En el País Arcoiris, en Sudáfrica, no.

Ayer comparé helados con camaleones, pero la metáfora no es mía. Es una simple asociación de ideas, un recuerdo que me vino a la cabeza del día que fui a visitar el Museo del Apartheid.

En 1985 hubo más de mil personas que lograron cambiar su etiqueta. Porque en Sudáfrica en el período del Apartheid (significa separación en afrikaans), ser etiquetado como negro, mestizo, indio o blanco te daba o te quitaba derechos. El resto de tu vida iba a estar marcada por esa etiqueta. Ser un camaleón no era lo común.  Era una especie de indulto por parte del gobierno del Apartheid para algunas de las personas que reclamaban su derecho a ser “reclasificados”. La lista fue publicada en el diario The Star el 21 de marzo de 1986. Aquí empieza La Danza del Camaleón:

1985 TUVO AL MENOS 1000 “CAMALEONES”

Miembros políticos del Parlamento - 

Más de 1000 personas cambiaron de color oficialmente durante el año pasado. Volvieron a ser clasificados de un grupo racial a otro a golpe de bolígrafo del gobierno. Los detalles de lo que se llamó “La danca del camaleón” se dieron en respuesta a las preguntas de la Oposición en el Parlamento. El Ministro del Interior, Mr. Stoffel Botha, explicó que durante 1985:

  • 702 mestizos se convirtieron en blancos.
  • 19 blancos se hicieron mestizos.
  • 1 indio se convirtió en blanco
  • 3 chinos se convirtieron en blancos.
  • 50 indios se convirtieron en mestizos.
  • 43 mestizos se convirtieron en indios.
  • 21 indios se hicieron malayos
  • 30 malayos se volvieron indios.
  • 249 negros se volvieron mestizos.
  • 20 mestizos se convirtieron en negros.
  • 2 negros pasaron a ser “otros asiáticos”
  • 1 negro fue clasificado como Griqua (subgrupo de mestizos multirraciales originarios de Sudáfrica).
  • 11 mestizos se convirtieron en chinos.
  • 3 mestizos se volvieron malayos.
  • 1 chino se convirtió en mestizo.
  • 8 malayos se convirtieron en mestizos
  • 3 negros fueron clasificados como malayos
  • Ningún negro se volvió blanco y
  • Ningún blanco se convirtió en negro

The Star, 21 de marzo de 1986

Durante el Apartheid la gracia del Gobierno podía cambiar milagrosamente el color y la etnicidad de las personas. Era una simple etiqueta que no cambiaba nada, pero que en realidad lo cambiaba todo. Hoy los milagros los realiza el dinero. Pero, ¿de qué color son las manos que lo guardan?

Mañana os hablo de Jerusalema.

Camaleones

Admito que cuando salgo del gimnasio a veces me compro un helado. Suele ser un Magnum de almendras, mi favorito. Paseando por el Spar el otro día me encontré con que a los Kalippos de toda la vida aquí los llaman “Solero”. Con solo cambiarle el nombre consigues que un producto parezca otro. No pude evitar acordarme de otro tipo de camaleones bien distinto, del que hablaré mañana.

Medicamentos enjaulados

Siguiendo con la vida cotidiana aquí en Pretoria, el otro día tuve que ir a comprar unas medicinas a la farmacia. Si vas a una farmacia de barrio, una de las pequeñas, te atienden como en todas partes. Esas farmacias no abundan. Lo normal es la farmacia adherida a una grande superficie. Tienen la costumbre de darte los medicamentos metidos en una jaula. Esa jaula tienes que llevarla a la caja de la grande superficie. Allí liberan tu medicamento después de pagarlo. Pero, tanta parafernalia, ¿para qué? Según la farmacéutica, la finalidad de este mecanismo es evitar que la gente se lleve los medicamentos sin pagar y después pidan a las compañías seguros que les reembolsen. No me atreví a preguntar de qué época es originario este mecanismo, pero sí me atreví a hacerme una fotillo para compartir con vosotros.

Electrosalvajes

Hace tanto tiempo que no escribo en el blog que voy a empezar por lo más reciente: adquisición de electrodomésticos. Sí, llevo cinco meses en Sudáfrica y no sé si me queda mucho tiempo aquí. Sin embargo sigo comprando como si esto no se acabara. Hasta ahora nunca había poseído nada. Todo era prestado. Llego aquí y ya soy propietario de una nevera, un sofá, una cama queen size, varias estanterías, un radiador y una lavadora.

Ya sabéis que los electrodomésticos a veces me hacen la pascua. Ya conté en cierta ocasión la historia de cuando la cafetera se tiró del fuego. Ocurrió en la casa de Santa María de la Cabeza. También os he contado las anécdotas de mis clases fallidas, cuando el proyector decide no encenderse o el ordenador no lee el CD. Hoy he vuelto a recordar aquellos momentos al llegar y encontrar la lavadora caminando por la cocina, con el tubo de salida de agua soltando líquido por todo el suelo y haciendo aspavientos, como queriendo decirme “adios”.

Ya sabía yo que al ser la primera vez que la ponía me tenía que haber quedado a monitorearla en vez de bajar al super. Pero es que ni siquiera poniéndola al mínimo en el centrifugado se está quieta. Se llaman electrodomésticos pero a mí me parecen electrosalvajes.

 

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